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Publicado en Universidad Tecnológica de Bolívar .:. El Cartero (http://elcartero.unitecnologica.edu.co)

LA NATURALEZA UNIVERSITARIA

Por webmaster
Creado Oct 27 2008 - 09:01

Con ocasión del lanzamiento de la obra completa del Padre Alfonso Borrero Cabal, S. J. (Q.E.P.D.), la Pontificia Universidad Javeriana convocó a un evento académico cuya agenda incluyó reflexiones sobre la autonomía universitaria, la interdisciplinariedad y la naturaleza de la universidad como institución social; este último tema, a cargo de la suscrita. Me ha parecido importante compartir con todos los miembros de nuestra comunidad académica algunas de las reflexiones presentada sobre la naturaleza universitaria, cuando nos aproximamos a nuestro primer lustro como Universidad en noviembre próximo.

La influencia de la obra del Padre Borrero en la Universidad Tecnológica de Bolívar ha sido inmensa. En testimonio de ello, la escultura de una alegoría al alcatraz y placa conmemorativa ubicadas en el corredor frente al edificio A-1 en nuestro campus de Ternera.

El Padre Alfonso Borrero dictó la Cátedra Inaugural del año 2004 en la Universidad Tecnológica de Bolívar, en nuestro primer año de reconocimiento como Universidad; primer año en que, en palabras del Padre Borrero, nuestra institución exhibía “legal y públicamente su denominativo de Universidad”, logrado mediante Resolución No. 2996 de noviembre 28 de 2003, del Ministerio de Educación Nacional,.

En dicha Cátedra, titulada “El Valor del Reconocimiento”, habló de la naturaleza de la Universidad y la Universidad como institución social, relacionando ambos conceptos con la tecnología, ya que hablaba en una universidad tecnológica.

En su muy particular estilo de maestro indagador del ser profundo de las cosas, nos abordó en esa ocasión preguntándonos: “Ya plenamente reconocidos como Universidad, ¿estáis dispuestos, como personas naturales conscientes de vuestra vocación y deber, a seguir siendo el puñado entusiasta y estudioso de la verdad, puesta al servicio del todo social?”

La naturaleza de la Universidad, su ser prístino, aquello que la define como una institución social y la distingue de otras instituciones sociales, está-sin lugar a dudas- implícita en la pregunta del Padre Borrero.

En ella se refiere al conjunto de maestros y estudiantes en un sólo cuerpo (universitas-universidad) reunidos en torno a la ciencia y el saber para el servicio a la sociedad.

Bien lo dice el lema en letras de bronce que adorna el frontispicio de nuestra universidad: UNIVERSITAS MAGISTRORUM ET SCHOLARIUM.

Al referirse a la naturaleza de nuestra Universidad, nos decía el Padre Borrero refiriéndose a nuestra denominación legal como Corporación Universitaria Tecnológica de Bolívar, que “Una somera reflexión histórica y semántica sobre el sustantivo Corporación seguido del atributo Universitaria, me traslada al secular recuerdo de la corporación -corporatio- de los maestros y estudiantes medievales, amorosa, estudiosa y apasionadamente apiñados en torno a la ciencia y el saber, y desde entonces también conocidos como la Universitas magistrorum et scholarium o, en nuestra lengua castiza, la Universidad o conjunto de maestros y estudiantes..”(3)

La Universidad es “un conjunto de personas aglutinadas espontáneamente en torno al oficio del saber”, lo cual convertiría la vida intelectual en su nota característica, como nos lo recordaría tantas veces el mismo Padre Borrero: una institución corporativa, científica y universal (2).
La universidad la hacen aquellos que se unen para enseñar, los maestros que saben, y los que aprenden porque quieren saber, los estudiantes.
Universitas, etimológicamente viene de unus/a/um, uno, y verto/s/ere, girar, lo que le da su sentido sociológico: donde uno está para todos y todos están para uno. No implica la totalidad de los saberes, sino el grupo de personas que comparten una misión y objetivos comunes, su carácter gremial.

De allí que las funciones, de la Universidad- aquello que hace y se comparte- desde sus orígenes sean tres, de las cuales derivan sus misiones sustantivas:

La primera: investigar para el impulso de la ciencia;

La segunda: formar para el desarrollo de la persona;

La tercera: servir a la transformación de la sociedad.

En nuestro medio el término Universidad denota una institución de Educación Superior. No sólo en el sentido de culminar la pirámide educativa después de la educación básica y media, sino también en su proyección hacia lo superior y en lo superior de los valores humanos, cuya cúspide es la verdad. Por eso en el friso de la Rectoría de nuestra Universidad se halla la leyenda GAUDIUM DE VERITATE, la alegría, el gozo de encontrar la verdad, que es la máxima satisfacción de un estudiante, de un maestro, de una universidad.

La verdad ha de lograrse con la excelencia. Y esta se consigue con el rigor, con la exigencia. De allí que en el tímpano de las oficinas de los decanos en nuestra universidad se encuentre la leyenda: HACIA LA EXCELENCIA POR LA EXIGENCIA. Ya no en latín sino en español, para que no suene arcano ni cabalístico, sino expresión realista del camino de exigencia y rigor que se debe seguir para llegar a la excelencia, a la comunidad de profesores y alumnos y – finalmente- a la verdad.

La Universidad, entonces, no es sólo informar y enseñar. Es terreno fértil para sembrar pensamientos en la conciencia reflexiva para que descubran la verdad y la propongan al servicio del todo social. En este sentido, la Universidad riega la semilla de la investigación, la información, el saber; cultiva el campo y produce algunos frutos, especialmente en la preparación de los estudiantes para el servicio a la sociedad, en la investigación científica y en la tecnología, en el saber y en la verdad. La Universidad forma personas y hace propuestas a la sociedad en lo económico, político, humanístico o técnico.

Por ello nos decía en esa ocasión el Padre Borrero, “Reconocer (una Universidad) no significa una dádiva o un otorgamiento gratuito. Es la manifestación pública de fe y confianza en los merecidos valores de calidad logrados, mediante constantes y tesoneros esfuerzos, por las personas naturales o jurídicas dedicadas, con plenitud de corazón, al generoso servicio de los individuos y de la sociedad.”(4)

Parafraseando al Padre Borrero, sólo quienes estemos dispuestos, como personas naturales conscientes de nuestra vocación y deber, a seguir siendo el puñado entusiasta y estudioso de la verdad, puesta al servicio del todo social, merecemos ser universitarios, como nos lo han demostrado todas las grandes universidades desde la edad media hasta hoy, y como nos lo enseño el Padre Borrero.

Patricia Martínez Barrios
Rectora


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